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BETTINA PASIK
Nace en Buenos Aires-Argentina
1961-63
Academia de Bellas Artes-Manuel Belgrane-Bs. As. Arg.
1964-68
Estudios en Israel y Europa.
1978-80
Estudios de Escultura y Cerámica en el Atelier del escultor Jacques Tenenhaus-París-Francia.
1981
Iniciación al Grabado en el Atelier de Gravure Lacouriére et Frélaut. París. Francia.

Exposiciones Colectivas
1963
Sociedad de Artistas Plásticos-Bs As. Argentina Galeria Meba-Bs. As. Argentina.
1965
Goler La Lira-.Jerusalem Israel .
1968
Estudio Caspe-Barcelona-España
1981
Espocio Latinoamericano -París-Francia. XXXII. Salón de Pintura Joven-París-Francia.
Salón Figuración Crítica-París-Francia.
Forum des Halles-París Francia.
III Salón de Perigny-Francia.
XX Premio Internacional de Dibujo-Fundación Joan Miró-Bracelona-España.
Museo de Arte Contemporáneo-Madrid-España.

1982
Banco de Imágenes para la Polania-Galería Nina Dausset- París-Francia.
Mujeres Latinoamericanas-Galería de la casa de México-París-Francia.
XXXIII Salón de la Joven Pintura-Grand Palais-París-Francia.
XXVII Salón de Montrouge-París-Francia.
Galería del YMCA-Artistas del Tercer Mundo-París-Francia.
7 Pintores-I Fotógrafo-Galería Orly Sud París-Francica.
III Bienal Ibero-Americana de Arte-Instituto Cultural Domecq.
Museo Carrillo Gil-México-D.F.
Manifestación Cultural de Arte atinoamericanoo Palais-París Francia.

Exposiciones individuales
1963 Galería Falbo-Bs As-Argentina
1968 Galería Perspectiva-Barcelona-España
1970 Galería Falbo-Bs As-Argentina
1980 Galería La Mauvaise Graine-Lausanne-Suiza
1981 Galería La Mirondeille-Lausanne-Suiza.
1983 Galería Sloane Racotta-Mexico-D.F.


HOPPER BETTINA Y YO

Mi primera visión de Edward Hopper fue una maltratada y opaca reproducción de su luminosa "Early Sunday Morning". La encontré pérdida entre cientos de otras láminas en una enciclopedia de pintura que me había regalado la Tía María, entusiasta promotora de mi precoz interés en la plástica.
Tenía yo entonces unos trece años y las sombras largas y azuladas alternando con la oblicua y dorada luz mañanera de una muy típica calle neoyorquina me hicieron sentir (es un sentimiento que ha ido creciendo con el tiempo) que aquella calle, aquellas cosas y sobre todo aquella luz eran mías.
Para un niño que había vivido siempre en el trópico, nada más lejano y exótico que aquella urbana realidad del norte. Pero el paisaje Hopperiano es siempre un paisaje interior. Por eso no es de extrañar que treinta años más tarde ese niño puertorriqueño hoy pintor en México reencontrara a Hopper en Bettina Pasik, artista argentina que desarrolló la mayor parte de esta muestra en su estudio en las afueras de París.
Durante todos estos años siempre he vuelto a Hooper o quizás él nunca me ha abandonado.
Debo confesar que mi temprana visión de la suya, ese descubrimiento de mi paisaje en él ha marcado mi búsqueda y mis hallazgos.
Así que el encuentro con Bettina y su obra ha sido tan sorprendente y grato como el conocer de repente a una hermana que no sabíamos que teníamos.
Me cuenta Bettina que aunque conocía y gustaba de Hopper por mucho tiempo, fue al ver un original suyo por primera vez que se conmovió hasta las lágrimas y tuvo la certeza de lo que tenía que hacer.
Su decisión no pudo ser más arriesgada y valiente.
Asumió a Hopper como suyo, se metió en sus cuadros, adoptó su punto de vista, su esquema de color, sus características encuadres, inclusive la posición de gran parte de sus solitarios personajes, se convirtió ella en Hopper y lo subvistió desde adentro.
Es como si la artista hubiera aceptado la tácita invitación de Hopper a penetrar por sus ventanas donde desde siempre espiamos esas figuras mudas que miran ventanas afuera en una soledad tan absoluta que es imposible que sospechen que somos testigos y cómplices de ella. La luz en que asolean sus soledades los hombres y mujeres de Hopper casi todos de edad indefinida y sin asomo de erotismo aunque estén desnudos, en contraste notable con las provocadoras adolescentes de Balthus, ese otro mago de interiores, esa luz es recreada por Bettina con la técnica del pastel graso y en una maraña luminosa que contrasta con la aplicación directa e ininterrumpida del óleo.
Utilizado por Hopper. Ese tratamiento aéreo de los muros, pisos y mobiliario, se extiende a los personajes, pero en estos se refuerza una reciedumbre que ya se apunta en el pintor norteamericano y que Bettina afirma como si figura y paisaje se encontraran simultáneamente en tensión y armonía en aceptación y rebeldía. En los últimos cuadros realizados en México la tensión pictórica es menos lateral y más frontal. Las mujeres que intentan protagonizar estos cuadros ya no miran hacia los bordes sino que nos enfrentan mirando ciegamente hacia nosotros. Los tonos se profundizan y la pugna entre la luz y las tinieblas se acentúa. La interioridad y la exterioridad tan presente en Hopper son retratadas juntas y separadas por Bettina. Conviven e interactúan en los personajes retratados y con el espectador en los cuadros en que tanto interior como exterior están presentes y en los pequeños paisajes exteriores desaparece el interior porque ese punto de vista lo asume el espectador ahora transportado a la ventana desde donde contempla. Esta marginidad propia de todo cuadro-ventana, esta posición de voyeur melancólico de mirada volcada hacia adentro aún cuando se mira por una ventana, determina el mundo de Hopper, de Bettina, el mío y el de cualquiera que se asome a sus ventanas.

 

ANTONIO MARTORELL